Es más común escuchar el término ‘captación del talento’, por parte sobre todo de los recursos humanos, pero muchas veces ese talento ya se encuentra entre nosotros y lo que queremos es desarrollarlo. 

Partiendo de la definición de talento: «inteligencia, capacidad intelectual de una persona. Aptitud o capacidad para el ejercicio de una ocupación» o «dotes intelectuales que dan valor a un individuo». La parte más importante para el desarrollo del talento es la formación contínua. 

 

La formación continua es un elemento fundamental para el desarrollo ante el entorno cambiante en el que nos encontramos. La globalización provoca cambios metodológicos, estructurales, funcionales ante los que surgen nuevas necesidades y desajustes de talento. La formación continua se plantea como la vía para adaptarse a estos cambios y readaptar los conocimientos y habilidades del capital humano a las nuevas necesidades.

 

Además de la formación continua también se han de establecer un conjunto de aspectos tanto profesionales como personales: 

 

  • Actitud: predisposición para crecer.
  • Aptitud: se ha de tener en cuenta las capacidades de cada persona para avanzar en su formación o asumir nuevos roles o responsabilidades.
  • Vocación: las personas obtienen su nivel óptimo de desarrollo profesional cuando cumplen funciones que les resultan especialmente atractivas.
  • Motivación: el desarrollo humano es más intenso y efectivo cuando mayores sean los niveles de motivación.
  • Técnicas de aprendizaje: es la parte más práctica en cualquier estrategia de desarrollo de talento e incluye las medidas concretas para formar y capacitar.

 

Las diferentes finalidades de la formación del talento son: 

  • Mejorar las aptitudes
  • Facilitar oportunidades
  • Cambiar actitudes
  • Incrementar la polivalencia 

 

¿Y cuáles son las áreas en las que se debe formar para desarrollar el talento?

 

Podemos distinguir diferentes tipos de formación, que pueden ser : de capacitación, de desarrollo o  de instrucción. Esta formación es necesaria para atender no solo a los requerimientos actuales del mercado laboral, sino también, para hacer frente a las exigencias del futuro: nuevas tecnologías, equipos, instrumentos, etc. La formación no debe orientarse exclusivamente a satisfacer las necesidades tecnológicas y funcionales de la industria o el comercio, por lo que dejando de lado las formaciones técnicas se han de desarrollar habilidades tales cómo: 

 

  • La empleabilidad: conjunto de aptitudes y actitudes que permiten a una persona conseguir y conservar un empleo.
  • El trabajo en equipo: trabajo realizado por un grupo de personas, donde todos tienen un objetivo en común.​
  • La gestión de emociones y las de los demás.
  • El liderazgo. Influencia en las personas con la finalidad de alcanzar un conjunto de metas u objetivos comunes. 
  • La capacidad emprendedora: habilidad, destreza y conocimiento que tiene una persona para asumir riesgos y aprovechar las oportunidades de negocios del entorno.
  • El carácter motivador.

 

Las personas, sus ideas, sus proyectos, sus capacidades y su trabajo es lo que le da valor a las organizaciones y empresas, por ello se le ha de dar importancia a la formación continua del talento de estas. Consiguiendo así mejorar sus conocimientos y competencias.